La ciudad cuidadora

Compartimos el artículo que escribió para el blog de El País Seres Urbanos nuestra compañera Blanca Gutiérrez Valdivia sobre cómo debería ser una ciudad cuidadora desde una perspectiva feminista y publicado el 18 de marzo de 2016.

La forma urbana delimita en gran medida nuestra vida cotidiana por cómo están diseñados los espacios, cómo están distribuidos en el territorio o cómo se accede a ellos. El diseño de nuestras ciudades no ha sido neutro, se ha hecho para promover el beneficio capitalista y los privilegios patriarcales. Cuando se decide diseñar espacios públicos asépticos, poner cámaras de videovigilancia, quitar todos los bancos de una plaza, invertir en instalar una red de wifi en lugar de en baños públicos, aprobar ordenanzas cívicas que restringen el uso de los espacios públicos, aumentar el número de licencias para hoteles y terrazas o construir un campo de fútbol de hierba en vez de un equipamiento deportivo donde sean compatibles diferentes actividades, se están priorizando determinados usos y a personas concretas.

Frente a esta falsa neutralidad, donde el todos en verdad quiere decir sujetos privilegiados (por género, edad, clase social, origen…), el urbanismo feminista visibiliza la importancia de los cuidados. Como dice la economista feminista Amaia Pérez Orozco, el feminismo reclama poner la sostenibilidad de la vida en el centro, que la autora plantea como la posibilidad de alcanzar un vida digna de ser vivida y generando un bien-estar encarnado y cotidiano tras todo el engranaje de trabajos remunerados y no remunerados, de políticas y procesos mercantiles y no mercantiles que van desde lo macro a lo micro, atravesando el nivel meso.

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Imagen de George Hodan, en PublicDomainPictures.net.

Repensar la ciudad desde una perspectiva feminista es dejar de producir espacios desde una lógica productivista y mercantilista y empezar a pensar en entornos que prioricen a las personas que los van a utilizar. Que los espacios estén adaptados a las diferentes necesidades de las personas y no que las personas se adapten a las condiciones del espacio. Poner a las personas en el centro, visibilizando la diversidad de experiencias y necesidades, sin tratar de homogeneizar los usos y actividades en el espacio urbano. Por eso, frente a la ciudad funcionalista, las Smart Cities u otros paradigmas alejados de la realidad de las personas, nosotras proponemos la ciudad cuidadora. Según Joan Tronto, los cuidados son “una actividad de la especie que incluye todo aquello que nosotros hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro “mundo” de tal modo que podamos vivir en este en el mejor modo posible lo cual nuestros cuerpos, nuestra identidad, nuestro medio, todo lo cual buscamos para conectarnos en una red compleja de sostenimiento de nuestras vidas.” Pero ¿cómo se materializan los cuidados en la forma urbana? Pensando ciudades que nos cuiden, nos dejen cuidarnos y nos permitan cuidar a otras personas.

Una ciudad que te cuida es una ciudad que no te enferma ni te envenena por las altos índices de polución que te impiden incluso hacer deporte en el espacio público, que no está llena de antenas y transformadores eléctricos que te intoxican emitiendo constantemente ondas. Es segura y te transmite una percepción de seguridad, cualquier persona puede caminar tranquila por la calle a cualquier hora del día sin temor a que le acosen o le agradan y sin miedo de que le atropellen. Tiene una red de transporte público accesible, física y económicamente, que conecta diferentes espacios (productivos, reproductivos, espacios de ocio, deporte…) sin obligarte a invertir una parte considerable de tu jornada en desplazamientos en transportes masificados que producen ataques de pánico. Una ciudad que te cuida también te permite acceder a una vivienda digna en condiciones económicas justas.

Una ciudad que te deja cuidarte te proporciona espacios equipados para el ocio, la diversidad de prácticas deportivas, para relacionarte con otras personas en espacios públicos exteriores y también cubiertos de las inclemencias meteorológicas donde poder estar, sentar, charlar, sin que tengan que estar mediados por ninguna actividad comercial. Espacios para la participación política sin que esta participación esté instrumentalizada por los entes políticos.

Una ciudad cuidadora también te permite cuidar porque te proporciona el soporte físico necesario para el desarrollo de todas las tareas de cuidados desde hacer la compra, llevar a niños y niñas al colegio, acompañar personas enfermas al médico….Este soporte físico se concreta en espacios públicos con juegos infantiles para diferentes edades, con fuentes, baños públicos, vegetación, sombra, bancos y mesas y otros elementos y con equipamientos y servicios próximos que apoyen las actividades. La ciudad cuidadora facilita la autonomía de las personas dependientes y además te permite conciliar las diferentes esferas de la vida cotidiana.

Muchas personas leerán este artículo y pensarán que muchas de las cosas que aquí se dicen son de sentido común, que este discurso no es feminista, pero la realidad es que son las feministas, a través de su teoría y de sus prácticas las que han puesto a las personas en el centro en la toma de decisiones, han comenzado a hablar de los cuidados, de la necesidad de una redistribución más equitativa de los mismos y de una valoración social de los trabajos de cuidados (tanto los remunerados como los no remunerados). En el ámbito del urbanismo son las feministas quienes comenzaron a visibilizar que en el espacio urbano también se cuida y han tratado de romper con la dicotomía entre espacio público (productivo) y privado (reproductivo). Y además, el sentido común no está vacío de contenido, ni es algo instintivo; como decía Gramsci, el sentido común está condicionado histórica y políticamente, y por lo tanto también tiene un trasfondo ideológico y político.

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